Cada día nuestras manos entran en contacto con superficies, objetos y personas. Sin darnos cuenta, también pueden transportar virus, bacterias y otros microorganismos capaces de causar enfermedades.
Por eso, un hábito tan sencillo como lavarse las manos correctamente con agua y jabón se convierte en una de las formas más efectivas de proteger nuestra salud, la de nuestra familia y la de quienes nos rodean.
Aunque puede parecer una acción cotidiana, hacerlo en el momento adecuado y de la forma correcta puede marcar una gran diferencia en la prevención de múltiples enfermedades.
Las manos son una de las principales vías de transmisión de microorganismos. Al tocar nuestro rostro, preparar alimentos, cuidar a otra persona o manipular objetos de uso común, podemos facilitar el contagio de enfermedades sin siquiera darnos cuenta.
Una adecuada higiene de manos ayuda a prevenir infecciones respiratorias, enfermedades gastrointestinales y otras afecciones causadas por virus y bacterias.
De acuerdo con organismos internacionales de salud, el lavado de manos con agua y jabón puede reducir hasta un 30 % las enfermedades diarreicas y cerca de un 20 % las infecciones respiratorias, convirtiéndose en una de las medidas de prevención más efectivas y de mayor impacto para la salud pública.
Aunque es recomendable hacerlo con frecuencia durante el día, existen situaciones en las que este hábito resulta especialmente importante.
Incorporar este hábito en estos momentos ayuda a disminuir significativamente el riesgo de transmisión de enfermedades.
No basta con enjuagarlas rápidamente con agua.
Para eliminar la mayor cantidad posible de microorganismos, es importante utilizar agua y jabón, frotar todas las superficies de las manos durante al menos 40 a 60 segundos y seguir la técnica adecuada.
Una correcta higiene de manos contribuye a disminuir el riesgo de padecer enfermedades como:
Además de protegerte, este hábito ayuda a reducir la propagación de enfermedades dentro del hogar, los lugares de trabajo, las instituciones educativas y los espacios de atención en salud.
Cuidar la salud no siempre requiere grandes cambios. Muchas veces comienza con acciones sencillas que, al convertirse en hábitos, generan un impacto positivo en nuestra calidad de vida y en la de quienes nos rodean.
Cada vez que te lavas las manos correctamente, no solo estás protegiendo tu salud. También cuidas la de tu familia, tus compañeros de trabajo y todas las personas con las que compartes cada día.
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